Estoy escribiendo aquí en mi diario
Nati escribe en su diario con amor y sinceridad.
25 de Abril
Anoche me acosté con él. Hicimos nudos con nuestras piernas. Pusimos las caras cerquita y nos reímos al notar que los dos estábamos de negro: de pies a cabeza, desde el moño de mi pelo hasta su ropa interior. Por dentro me sentía llena de colores. Creo que él también. Me animo a decir que yo estaba rosada, violeta y verde, y él estaba rojo, azul y amarillo. ¿Colores primarios que pueden mezclarse y formar otros nuevos? Ojalá.
Me pregunto si esa forma de vestirnos fue una manera que encontramos de disimular los sentimientos. Me respondo que igual, tarde o temprano, nos quitaremos las máscaras, como nos quitamos la ropa.
No dormimos mucho. Hablamos hasta tarde, a pesar de que teníamos que madrugar.
Dijo algunas cosas sobre hoy, que quedaron saltando en mi cabeza como grillos:
– “Mañana te mando la aplicación que me bajé, que te recuerda cuándo tomar agua”.
-Después, me dijo un acertijo: “si tenés una botella de 5 litros, y otra de 3, y tenes que llenar una de 4, ¿cómo haces para calcular?”. Yo le dije que detesto los acertijos, y que esas, además, no eran horas para descifrar nada.
-Ahí agregó: “mañana me decís si lo resolviste”.
Finalmente, cuando despertamos hoy y le pregunté si había dormido bien, me contestó: “a la tarde te cuento”.
Nos levantamos de muy buen humor, pero contracturadísimos. Es que sus gatos se acomodaron en la cama entre nosotros. Él no quería moverse para no molestarlos, y yo imité su noble gesto, más por complacerlo que por motus propio.
Encima, a las cuatro de la mañana se levantó a matar un mosquito, después de quejarse varias veces de que le zumbaba en el oído. Yo no lo ví ni lo escuché. Además, ya hace frío. Tal vez se lo imaginó. Está siempre tan pendiente de los mosquitos que por ahí los ve donde no los hay. ¿Será que a mí me pasa eso también? ¿Estoy tan atenta a lo que dice y hace, traduciendo y subtitulándolo todo, que veo colores donde no los hay? ¿Me los invento?
―Me picó ―dijo mientras se levantaba de un salto.
―Yo también te hubiese picado si fuera mosquito ―respondí con los ojos cerrados, sin entender muy bien lo que estaba diciendo.
Hoy volví a casa con los ojos hinchados de lagrimear. Sus gatos me dieron alergia. Definitivamente, este tipo de llanto es mi llanto preferido.
En el camino repasé las cosas que aprendí anoche sobre él:
-Mira dibujos animados.
-Hace chistes y se ríe dormido.
-Siempre canta la misma canción en la ducha: “Happy”, de Pharrell Williams. Me gusta pensar que la canta solo cuando estoy ahí, de puro contento.
-Mientras lo besaba aprendí algo sobre mí:
-Solo me quiero alejar para poder verlo y acercarme otra vez.
Hace un rato hablé con Majo. Me dijo que quizás todo esto no sea lo que espero, que pienso demasiado, que me quede con lo que es.
Sigo su consejo, y hago una lista de lo que es:
-Estoy escribiendo aquí en mi diario.
-Afuera está nublado.
-La luz de una vela me alumbra y me da calor.
-Todavía huelo a látex y a su perfume.
-Estoy cocinando pasta.
-Hasta tengo queso rallado.
Natalia Fernández (@natifernandez22, @versosencarrete) nació en Bahía Blanca y vive actualmente en Neuquén Capital. Es psicóloga y psicoanalista. Escribe desde que es chica, y participa de distintos festivales donde recita sus poesías. También las comparte en su cuenta de Instagram versosencarrete. Acaba de publicar su primer libro de poemas «Trampolín».

